Memoria Histórica de la Enfermería del Hospital San Juan de Dios 160 Aniversario Lic. Carlos Eduardo González Pacheco La publicación de este libro fue posible gracias al esfuerzo del equipo de enfermería del Hospital San Juan de Dios. Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta publicación Diseño de portada y diagramación por: Fernando Chacón Solís • fechas@hotmail.com 610.73 González Pacheco, Carlos Eduardo. G643m Memoria histórica de la enfermería del Hospital San Juan de Dios / Carlos Edo. González Pacheco. — 1a ed. — San José, Costa Rica Imprenta y Litografía Argentina, 2005 319 p. il.; 22 x 28cm. ISBN 9977-9991-3-9 1. SERVICIO DE ENFERMERIA 2. HOSPITAL SAN JUAN DE DIOS HISTORIA 3. SALUD PÚBLICA — COSTA RICA 6. INSTITUCIONES DE SALUD - COSTA RICA CONTENIDO ADVOCACIONES…………………………………………………..7 AGRADECIMIENTOS……………………………………………...9 PRESENTACIÓN………………………………………………….13 PRÓLOGO…………………………………………………………15 PREFACIO…………………………………………………………19 PROPÓSITOS DE LA OBRA……………………………………23 INTRODUCCIÓN………………………………………………….27 TÍTULO 1 CONSIDERACIONES GENERALES……………………………31 1-EL DESARROLLO MÉDICO…………………………………..32 2-LA PRÁCTICA DE LA ENFERMERÍA Y SU EVOLUCIÓN……………………………………………..36 3-LAS GRANDES REFORMAS DE LA ENFERMERÍA……….43 TÍTULO II CREACIÓN DEL HOSPITAL SAN JUAN DE DIOS…………...51 1-ANTECEDENTES Y EJECUCIÓN DE LA OBRA…………...51 2-CONDICIONES ECONÓMICAS………………………………58 3-EL SERVICIO MÉDICO………………………………………..63 TÍTULO III EL HOSPITAL SAN JUAN DE DIOS Y LA PRÁCTICA DE LA ENFERMERÍA EN EL SIGLO XIX……………………………….77 1-LAS PRIMERAS FORMAS…………………………………….77 2-LUISA DE MARILLAC………………………………………….81 3-EL HOSPITAL, LAS HERMANAS DE LA CARIDAD Y LA ENFERMERÍA……………………………………………90 4-PRIMEROS INTENTOS DE ENSEÑANZA DE LA ENFERMERÍA………………………………………………….97 3 TÍTULO IV EL HOSPITAL SAN JUAN DE DIOS EN EL SIGLO XX: ORGANIZACIÓN PRÁCTICA Y CONSOLIDACIÓN DE LA ENSEÑANZA DE LA ENFERMERIA DENTRO DE LA SANIDAD Y LA BENEFICENCIA……………..................................105 1. CARACTERÍSTICAS DE LA SANIDAD………………………..…105 2. EL ESTABLECIMIENTO DE LA ENSEÑANZA DE LA OBSTETRICIA Y LA FUNDACIÓN DE LA MATERNIDAD DEL HOSPITAL…………………………………...108 3. PROBLEMÁTICA DE SALUD NACIONAL………………………..117 4. LA ESCUELA DE ENFERMERÍA DEL HOSPITAL………………123 5. EL SERVICIO DE ENFERMERÍA y LA ESTRUCTURACIÓN MÉDICA………………………………...132 TITULO V LA ENFERMERÍA EN EL HOSPITAL SAN JUAN DE DIOS DURANTE LA PROTECCION SOCIAL……………………………...147 A- LA DECADA DE 1940………………………………………………147 1- DE LA BENEFICIENCIA A LA PROTECCION SOCIAL…………………………………..147 2- LA ORGANIZACIÓN DEL SERVICIO DE ENFERMERIA DEL HOSPITAL………………………………..152 3- EL HOSPITAL Y LA FORMACION DE ENFERMERAS………………………………………………156 B-LOS AÑOS DE 1950………………………………………………...167 1- UN VISTAZO INTRODUCTORIO SOBRE EL HOSPITAL……………………………………………………167 2- COMPLEJIDAD Y PROYECCIÓN DEL SERVICIO DE ENFERMERÍA……………………………………………….172 3- FORMAS DE ENSEÑANZA Y CAPACITACIÓN……………..179 4- LA INICIACIÓN FORMAL SOBRE EL SISTEMA DE ROTACIÓN…………………………………..183 4 C- EL PERÍODO 1960…………………………………………..194 1- DERROTERO CONCEPTUAL Y FUNCIONAL DEL SERVICIO DE ENFERMERÍA………………….…..194 2- ALGUNAS PARTICULARIDADES Y OTROS COMPONENTES………………………………………..…203 3- PANORÁMICA DE LA ESCUELA DE ENFERMERÍA……………………….……………...…207 4- EL FINAL DE LA CONGREGACIÓN RELIGIOSA……………..………………………….………215 TÍTULO VI LA ENFERMERÍA DEL HOSPITAL SAN JUAN DE DIOS DURANTE LA SEGURIDAD SOCIAL…………………………237 1- MARCO INTRODUCTORIO Y CONCEPTUAL………...237 2- ANTECEDENTES Y CREACIÓN DE LA CAJA COSTARRICENSE DE SEGURO SOCIAL…………..…242 3- LA ENFERMERÍA DE LA CAJA COSTARRICENSE DE SEGURIDAD SOCIAL……………………………..….247 4- TRASPASO DEL HOSPITAL A LA C.C.S.S……………253 5- LA ENFERMERÍA DEL HOSPITAL SAN JUAN DE DIOS EN DE LA SEGURIDAD SOCIAL: PRINCIPALES HECHOS…………………….…………………………..…264 5.1- LOS INNOVADORES DELINEAMIENTOS Y PRECEPTOS DE LA ENFERMERÍA DEL HOSPITAL………………………………………..……269 5.2- PROCESOS DE CAMBIO INSTITUCIONALES Y LA ENFERMERÍA DEL HOSPITAL…….………..274 5.3- PROCESO DE AUTOMATIZACIÓN Y LA ENFERMERÍA DEL HOSPITAL…….……..…283 5.4 A MANERA DE CONCLUSIÓN………………..….…288 PARTE DEL PERSONAL DE ENFERMERÍA 2002……….…297 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS…………………...………303 5 ADVOCACIONES El servicio es la misión más grande del hombre. Cerrad los ojos y los oídos al ejecutarlo para no establecer diferencias ni sentir la injusticia como recompensa el supremo servicio se alcanza mientras mayor sea el desinterés que en él se ponga, ya que la estatura espiritual de los hombres no se mide por las recompensas recibidas sino por los servicios hechos. Vivir sirviendo a la humanidad es acercarse a Dios, porque él proporciona el supremo servicio a la humanidad. de Andrés Boza Pasaré por este mundo sólo una vez. Por tanto cualquier bien que pueda yo hacer o cualquier acto de bondad que pueda mostrar a mis semejantes no habré de evadirlos ni seré ne- gligente porque no habré de pasar este camino nuevamente. de la Divina Providencia La riqueza no depende del dinero acumulado. El que tiene riqueza y no sabe ayudar al prójimo necesitado es pobre. Quien guarda con avaricia los dones de Dios es pobre. Quien no sabe sacar de sí mismo una sonrisa de estímulo es pobre. Pero aquellos que saben dar de lo poco o nada que poseen para ayudar al prójimo, son verdaderamente ricos de Torres Pastorino 7 UN APRECIADO AGRADECIMIENTO A las funcionarias de la Biblioteca Nacional: Leticia Castro, Carmen Cascante, Marcia Burke, Marta Monge, Laura Castillo, Marina Ugalde, Patricia Montes de Oca, Virginia González, Sury Contreras, Rosmary Pacheco, Rosa León, Damaris Ramírez, Monserrat Blanco y Deyanira Vega. A la funcionaria Marta Cilia Jiménez, del Sistema de Bibliotecas de la Universidad de Costa Rica. A los fotógrafos: Oliver Zamora, del Departamento de Servicios de Apoyo de la Caja Costarricense de Seguro Social, y a Bayardo Urbina, del Departamento Audiovisual del Hospital San Juan de Dios; lo mismo que a Roy Chavarría y Anita Maroto del mismo departamento. A Eugenia Hernández, de la Junta de Protección Social de San José. Extensivo a las siguientes instituciones: Archivo Nacional, Archivo de la Curia Metropolitana y la Asociación Costarricense de Hospitales. Un especial reconocimiento para el Dr. Manrique Soto, quien en todo momento supo comprender y valorar la utilidad de la historia como una forma de encuentro a traves de la barrera del tiempo. 9 A mi madre Yetty Pacheco Quien cambió tribulaciones por alabanzas, lo desatinado por comprensión, lo irascible por indulgencia y lágrimas por entereza. 11 PRESENTACIÓN Una vez más el Hospital San Juan de Dios aporta a la Historia de nuestra Salud Pública un documento pletórico de datos de lo que ha sido el nacimiento, desarrollo, conformación y asentamiento de la Enfermería en Costa Rica. Nos traslada a las primera épocas del Hospital en donde desde el inicio se proyecta la atención de los pacientes con características mas de nobleza y dedicación que en forma científica, siguiendo los parámetros establecidos en los nosocomios europeos, y bajo las normas de las congregaciones religiosas predominantes de la época y con la influencia de los primeros médicos, casi todos con criterios adquiridos en las universidades del Viejo Mundo. Durante muchos años este perfil de la enfermera religiosa continuó prestando excelentes servicios a la comunidad siempre bajo el sistema de servicios de caridad imperante, e iniciándose posteriormente los servicios obstétricos, en donde ya se vislumbraba cierto grado de capacitación por parte de los médicos hacia esas abnegadas enfermeras, dándole las características necesarias al Hospital para crear la maternidad que vino a llenar un vacío enorme y ha representar el papel primordial que mantiene hasta la fecha. En años posteriores vemos como se inician y consolidan las bases de la Escuela de Enfermería del Hospital San Juan de Dios, estructura docente que permite la capacitación con base científicas, saliéndose un poco de la tutela religiosa al incorporarse a la atención de los enfermos personas ajenas a las congregaciones, primero en el sistema de caridad y luego al sistema de protección social que fue el preámbulo de lo que años después sería la Seguridad Social. 13 Ya en la década de los años cuarenta fuimos testigos del inició de la Caja Costarricense de Seguro Social y de todos los cambios originados de las Leyes de las Garantías Sociales, que produjeron cambios fundamentales en la prestación de los servicios médicos y que por supuesto la enfermería no estuvo ajena a los mismos, Al hacer la presentación del libro “Memoria Histórica de la Enfermería Del Hospital San Juan De Dios” deseo externar mi agradecimiento al Lic. Carlos Eduardo González Pacheco por su dedicación y esfuerzo por rescatar nuestros valores y antecedentes históricos que nos hacen valorar con mayor conciencia los logros obtenidos en salud. Al cuerpo de Enfermería Nacional y muy especialmente al Departamento de Enfermería del Hospital San Juan de Dios, deseo felicitarlos por contar a partir de ahora con un documento elaborado profesionalmente, que servirá no sólo para recordar sino como material de consulta y docente para nuestras generaciones actuales y futuras. Dr. Manrique Soto Pacheco Director General Hospital San Juan de Dios Febrero, 2002 14 PRÓLOGO LA ENFERMERÍA ES UNA PROFESIÓN DE MENTE Y CORAZÓN Con mi expresión de gratitud a Dios por tantos años de servicio al prójimo, me complace ofrecer un saludo al cuerpo de enfermería del Hospital San Juan de Dios y del país, y a las demás disciplinas de la salud que en una u otra forma apoyan la gestión de Enfermería, para la atención de calidad de los enfermos que son nuestra razón de ser. En el acontecer histórico del Hospital, la edición del presente libro: Memoria Histórica de la Enfermería del Hospital San Juan de Dios, nos hace reconocer las pautas que la Enfermería ha marcado para infundir y desarrollar los valores éticos y morales, el amor a Dios y al prójimo, así como las bases científicas teórico-prácticas para el ejercicio de la pro- fesión. Poseer esos atributos ha permitido la integridad del gremio para beneficio de los usuarios y la colectividad. Enfermería es una profesión de mente y corazón. En el devenir del siglo recién pasado y en el nuevo milenio, épocas de avances tecnológicos, científicos, cambio de paradigmas y proyecciones futuristas, el personal de Enfermería se ha ido enfrentando a los diferentes retos y entrega constante, para resumir su accionar profesional con una actitud humanizada y respetuosa a las personas; por lo que se coloca en una posición reconocida no tanto por lo que hace, sino por lo que sabe, por lo que es. Esto exige una mente dispuesta a los cambios, una profesión de corazón en donde fluye la bondad flor de la Caridad y ejemplo del Divino Maestro que dijo: “y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente por cuanto es mi discípulo, os digo que no perderá su recompensa”. MT. 10,42. 15 En las últimas décadas para el desarrollo de conoci- mientos se ha enfatizado en los avances de la Ciencia de Enfermería y con la visión de eminentes teoristas hemos ido demostrando que la práctica profesional basada en una en- fermería científica hace una gran diferencia en el estado de salud de la población. La convicción y exigencia de interiorizar más y más el concepto de “persona” en relación con el ejercicio de la profesión y en la sociedad que servimos, es porque la enfermera es mucho más que ciencia y tecnología. Cualesquiera que sean los avances corporativos y gerenciales que el futuro nos reserva, en donde nos corresponda ejercer, el corazón de la práctica sin embargo debe y tiene que seguir siendo la misma: los cuidados proporcionados directa o indirectamente por un ser humano a otros seres humanos; es todo un arte pero con conocimientos, sensibilidad y compasión. El gran reto del siglo XXI es construir personas morales que puedan permanecer con las luces de su mente y corazón encendidas, para que el trabajo diario no la apague como persona. La actividad de los agentes de salud nos recuerda S.S. Juan Pablo II tiene el alto valor del servicio a la vida. Es la expresión de un empeño profundamente humano y cristiano asumido y desarrollado como actividad, no solo técnica, sino de entrega total e incondicionalmente y de amor a) prójimo. Su profesión le exige ser custodios de la vida humana. Finalmente, al cerrar el siglo XX e iniciar el XXI le agra- dezco al Dr. Manrique Soto Pacheco, Director General del Hospital, su apoyo para poder hacer realidad la elaboración de esta Memoria; gratitud que la hago extensiva de manera efusiva al historiador del Hospital San Juan de Dios, Lic. Carlos Eduardo González Pacheco, por su entrega y ardua labor de investigación para recopilar buena parte de la historia de la Enfermería de esta Institución Benemérita. 16 Manifiesto con optimismo que la Enfermería del futuro mantendrá y perdurará en la vanguardia como ejército comprometido con la salud integral de los costarricenses, si nos adherimos con entusiasmo a las siguientes cinco C de la victoria, al saber: Conciencia, Coordinación, Caridad, Competencia y Compasión Cristiana (Consejo Internacional de enfermería, 1997) El legado del pasado, presente y futuro de la Enfermería lo dejo a sus mentes y corazones. Vivámoslo con ardor. Dra. Sor María Cecilia Arias Solís Directora de Enfermería, Hospital San Juan de Dios Febrero, 2002 17 -PREFACIO LA NUEVA ETAPA DE LA GERENCIA PRESENCIAL DE LA DIRECCIÓN DE ENFERMERÍA, HOSPITAL SAN JUAN DE DIOS EN EL SIGLO XXI El 31 de octubre del año 2002 la Doctora Sor María Cecilia Arias Solís, se acoge a la jubilación y con ella se cierra el ciclo en que la Dirección de Enfermería del Hospital San Juan de Dios fue ocupada por una Religiosa de la Orden las Hermanas de la Caridad y en el acto hace entrega de la Dirección de Enfermería a la Licenciada Johanny Romero Bermúdez, que se constituye en la primera Enfermera Laica que ocupa tan elevado y delicado cargo. Es así como se pone de manifiesto la experiencia co- sechada a lo largo de 35 años de ejercicio profesional, en la que conoció y puso en práctica lo que demanda cada fase y etapas en la carrera técnico-administrativa ascendente en enfermería; que sin duda generó la madurez necesaria para asumir y conducir con delicadeza, seguridad, sapiencia y calidez, pero con sutil rigor que cada cargo exige y eso ha hecho que la Dirección en manos de la Licenciada Romero está marcando una nueva etapa caracterizada por el ejercicio del mayor control, como lo exige la legislación del momento; de los diversos procesos en aras de develar con mayor peso el aporte esencial, fáctico y de incalculable valor que cada Equipo de Enfermería entrega diariamente al usuario de los servicios de salud y por ende de enfermería. Aporte que no ha dejado ninguna duda en el desarrollo global del establecimiento Hospital San Juan de Dios, porque al ser una gerencia presencial, ha permitido establecer el acercamiento y partici- pación de la Alta Dirección de Enfermería en el mismo lugar en que se desarrollan las operaciones básicas de los diversos 19 equipos de enfermería y a la vez, se ha puesto en evidencia la aceptación y beneplácito de los funcionarios de esta noble disciplina que se desempeñan por todos los espacios del Be- nemérito Hospital San Juan de Dios, a cerca de dicho proceder de la nueva dirección. Y es que no puede ser para menos, dado que todas las excelente enfermeras que antecedieron en la conducción de la enfermería de este honorable centro de salud, han dejado muy bien marcada su estilo y sus frutos, por lo que estamos obligadas las actuales generaciones a mantener dichos cimientos y a la vez, darle el giro que la administración en estos tiempos modernos va requiriendo. Por ello, hoy se estila una Dirección de Enfermería con la Gerencia presencial, que incluye una metodología de trabajo para que todos y todas las profesionales en Enfermería que ingresan a laborar a este centro de salud, sin demoras ni excusas, la ponga en práctica de inmediato y en forma explí- cita. La misma está basada en la realización del diagnóstico situacional del área de trabajo, básico para identificar y priorizar los aspectos que requieren su intervención de acuerdo a plazos de cumplimiento y rendición de cuentas. A la vez, no será posible realizar la actividad de enfer- mería, si las mismas no están debidamente planificadas y do- cumentadas. Sumado a ello, cobra cada vez más relevancia el desarrollo efectivo de la Educación para la salud y la Educación en Servicio; programas ambos en los que la gestión de! profesional de enfermería y el excelente apoyo de todos los miembros del equipo de enfermería de las unidades de trabajo ha sido extraordinario, gracias a la correcta lectura y reconocimiento de su importancia para la salud de la población, que de ellos se ha hecho y se seguirá haciendo, por el sencillo motivo de conocer nuestra responsabilidad pública hacia el bien común. 20 Valga anotar que estos procesos se acompañan con el establecimiento de indicadores para la gestión de enfermería que facilitan la medición cualicuantitativa de la mejora continua en aras del desempeño de excelencia y sobre todo de la satisfacción del Usuario Externo tanto como el Usuario Interno. Todo este nuevo enfoque parte de la Misión que es: “Brindar en el Hospital San Juan de Dios, Servicios de enfermería de excelente calidad a los usuarios mediante una atención humanizada, integral, oportuna y con calidez, fomentando el trabajo interdisciplinario y prácticas gerenciales eficientes y participativas” Y de la Visión que es: “Establecer una gerencia presencial con los equipos de trabajo en los diferentes procesos del quehacer de enfermería, que asegure la calidad y productividad en la: Promoción de salud, en el Diagnóstico temprano, tratando y tratamiento oportuno, Rehabilitación y el bien morir. M.Sc. Elvia Solís Marín Sub-directora Educación en Servicio 2005 21 PROPÓSITOS DE LA OBRA La forma de hacer Historia en Costa Rica para inicios de los años setenta va a empezar a marcar un camino diferente por seguir. La razón de dicho cambio estuvo circunscrito principalmente por la llegada a la Escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica de dos excelentes profesores e investigadores extranjeros: Héctor Pérez y Ciro Cardoso, los cuales (que también contaron con el impulso de aventajados investigadores costarricenses como Paulino González, Víctor Hugo Acuña y Jorge Mario Salazar, entre otros) basados en los aportes efectuados por la Escuela Histórica Francesa (que encabezaron Marc Bloch y Lucien Fevbre) sentarán el nuevo derrotero historiográfico nacional: introducción de nuevas tendencias temáticas, teóricas, metodológicas e interpretati- vas;1 situación ésta obviamente en la que estuvimos compe- netrados en nuestros años de formación profesional. Sin embargo, la presente obra no pretende responder a esos rigurosos enfoques en donde se privilegia la historia- problema en base a hipótesis por dirimir; más bien lo que verdaderamente pretendemos es describir y resaltar sencilla y monográficamente las diferentes facetas que han caracterizado la extraordinaria labor de un importante y elemental servicio que tanto ha beneficiado al paciente como es el de enfermería y sus actividades conexas, pero dentro del entorno histórico en la cual se ha desenvuelto y caracterizado el Hospital San Juan de Dios como institución pionera de la salud pública costarricense. En base a las premisa señalada, por tanto, los propósitos que enmarcan este trabajo van encaminados a: • Describir los cambios más representativos que han marcado la pauta en la evolución del Departamento y Servicio de Enfermería. 23 • Distinguir la labor que ha ejercido la enfermera en función del paciente en las diferentes épocas históricas del Hospital San Juan de Dios. • Resaltar las transformaciones que se han dado a nivel normativo, técnico y administrativo. • Reconocer los esfuerzos realizados tanto de jefaturas y subalternos en aras de mejorar el servicio y los cui- dados de enfermería. • Detallar los aspectos más relevantes de la enseñanza de la enfermería y su relación con el Hospital San Juan de Dios. Para poder cumplir con los objetivos propuestos, las fuen- tes utilizadas fueron de índole primario en su gran mayoría como: informes y memorias emitidas por la Junta de Caridad, actas, anales e informes del Hospital San Juan de Dios, docu- mentos, reportes y correspondencia del Servicio de Enfermería del Hospital y de la Caja Costarricense de Seguro Social, principalmente, aparte complementarse con algunas fuentes de carácter secundario como punto de apoyo general. En conjunto con las fuentes de primera mano utilizadas, valga mencionar la extensa labor efectuada para lograr la recopilación de importantes fotografías que ilustran la obra, siendo extraídas de periódicos, revistas y diversos documentos disgregados por diversas instituciones como la Biblioteca Nacional, Sistema de Bibliotecas de la Universidad de Costa Rica, Colegio de Enfermeras, el Hospital San Juan de Dios y la Junta de Protección Social, entre otras. Como es una monografía básicamente descriptiva, cro- nológicamente la obra abarca desde el inicio de las actividades del Hospital y la enfermería a mediados del siglo XIX hasta la última década del siglo XX; situación que se refleja dentro de una división propuesta por seis capítulos con el respectivo desglose temático de acuerdo a la temporalidad 24 imperante. Obviamente los acontecimientos y cambios que se suceden en el Hospital San Juan de Dios no son aislados, más bien responden también a una realidad totalizante nacional en cuanto a condiciones imperantes dentro del ámbito político, social, económico e institucional. En este sentido, y para tener una base histórica que conlleve a una mayor comprensión integradora (ya que no se incluye por lo amplio del tema obviamente), sugerimos tener en cuenta como fuentes de referencia histórica en general a la Colección de Historia de Costa Rica preparada por el Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad de Costa Rica, así como a la Colección Histórica Nuestra Patria preparada por la Escuela de Historia de la Universidad Nacional. Finalmente, y no está por demás señalarlo, que la enfer- mería dentro de la mecánica funcional de un hospital cumple una labor de extraordinarios alcances humanitarios para be- neficio directo del paciente, por lo que al reseñar llanamente buena parte de su evolución, estamos con ello también agra- deciendo a ese importante gremio de servidoras (res) su entre- ga para con los más necesitados de la Patria: el enfermo. 25 Introducción El desarrollo y evolución de la enfermería a nivel hospi- talario precisamente parte de las mismas condiciones que se presenten al seno del mismo hospital y de sus características autóctonas. El recorrido histórico de los hospitales data desde lejanos tiempos, por lo que se les puede considerar como instituciones antiguas que han experimentado grandes cambios con el devenir de los tiempos. Indudablemente cada hospital ha tenido su propia historia, sin embargo lo que si han tenido en común es que responden a las más diversas respuestas sociales dadas por el ser humano en función de la atención de la enfermedad y la recuperación de la salud perdida de los individuos, por lo que no pueden ser considerados como entes al margen de las condiciones culturales, políticas, económicas y científicas imperantes en cada época. Durante centurias los hospitales (que provienen del tér- mino griego xenodochion) respondieron a propósitos relacio- nados con el de dar albergue a heridos, extranjeros, ancianos, niños, desposeídos y menesterosos, así como el de servir para aislar y segregar algunos tipos de enfermos. Antes del advenimiento del cristianismo existieron hos- pitales en diversos lugares del mundo, pero competiéndole a Esculapio el institucionalizar y disgregar el arte curativo de la medicina pre-científica a través de la construcción de templos destinados a dichos fines. A partir del cristianismo, y sobretodo con el asentamiento del Medioevo en Europa (cultura occidental), la actividad hospitalaria va a seguir los cánones monásticos formando parte de las iglesias y sus preceptos: atención centralizada en 27 la religión y la caridad, y ocupándose más en aliviar al pere- grino que en curarlo. Con el Renacimiento se van a producir una serie de cambios que van a afectar todos los órdenes sociales, econó- micos y políticos establecidos, así como el pensamiento, las corrientes filosóficas y religiosas y las ideas en general, por lo que se va a permitir el avance de la ciencia, los métodos de investigación y la formulación de leyes puramente científicas a partir de nuevos postulados. En este sentido, y en relación al hospital, también va a ir tomando fuerza el criterio de brindar más asistencia social que caritativa, por lo que el concepto de albergue se empezaría a quedar atrás. Con los cambios producidos por el Renacimiento, a su vez se le estaba abriendo las puertas al nacimiento de la me- dicina moderna y a la ciencia, ya que se va a rechazar los problemas no sujetos a comprobación experimental, y emer- giendo la metodología por encima de cualquier idealismo o materialismo, lo mismo que la descripción pura y objetiva de los hechos. Pero a pesar de estos avances, la ciencia médica sólo permitió observar síntomas, así como la descripción y clasificación de padecimientos, situación que vino a cambiar definitivamente con el nacimiento de la química, la patología, la anatomía, la fisiología, la microbiología y la farmacología, entre otras ramas del saber, a partir del siglo XIX. A América Latina los hospitales (y sus conceptos) llegan en la medida con que fueron conquistados y posteriormente colonizados estos territorios por parte de los europeos. O se que, las características que van a presentar los hospitales del “nuevo mundo” las va a delimitar también los estilos y filosofías traídas del “viejo continente” en un principio; situación que iría a cambiar durante el siglo XX al convertirse los Estados Unidos en la principal potencia mundial, aspecto que influiría notablemente en la vida y desarrollo de los países 28 latinoamericanos en sus diferentes ámbitos, y en donde se incluye el aspecto médico, sanitario y hospitalario debidamente abarcado por sus primeras organizaciones específicas para atender estos asuntos: la Oficina Sanitaria Panamericana y la Comisión Rockefeller. En resumen, los hospitales durante siglos tuvieron un diseño sencillo, con salas que albergaban gran cantidad de camas y enfermos, con deficientes condiciones ambientales y de higiene, con escasos materiales y equipos y con escasa especialización. En el siglo XX, se va a reconocer abiertamente el derecho a la salud a partir de la intervención del Estado, y con la entrada en vigencia de diversas instituciones que van a velar por la sanidad, la salud y el bienestar en general. Aquí el hospital va a representar una respuesta que ofrecerá institu- cionalmente la sociedad organizada para el bien común. El Benemérito Hospital San Juan de Dios ha pasado por una serie de procesos y etapas que han marcado su derrotero histórico en un viaje de 160 años. También pasó el Hospital (de acuerdo a las transformaciones económicas y tecnológicas) en ese fructífero camino de ser un lugar simple para la atención de enfermos (paredes de adobe y techos de teja y paja) hasta convertirse en un complejo ente científico totalmente tecnificado y especializado en todas sus áreas de trabajo, y en donde su visión estará centrada en representar una empresa de servicios de salud altamente competitiva en función de brindar atención integral humanizada, oportuna y de calidad. Entonces, ¿cuáles han sido las etapas por las que ha pasado el Hospital y el Servicio de Enfermería que lo han convertido por sobrados méritos en Patrimonio Nacional? 29 TÍTULO 1 CONSIDERACIONES GENERALES La práctica de la enfermería ha estado presente dentro del desarrollo de la humanidad desde antiquísimos tiempos. Específicamente a pesar de que la enfermería como concepto científico y profesional tiene su punto de partida en la segunda mitad del siglo XIX, la realidad es que como servicio práctico podría enmarcarse desde que “alguna madre entre los habitantes de las cavernas refrescaba la frente del niño enfermo o se aprestaba a dejar un hueso bien cubierto o un puñado de trigo junto al hombre herido y abandonado en la precipitada fuga ante el enemigo”.2 Está claro que la enfermería ha evolucionado dentro de un proceso amplísimo de años y generalmente vinculada al mismo estado de desarrollo de la medicina a través de siglos (mágica, religiosa, pre-técnica, técnica, científica), aunque a veces resagada si se le compara con esta última. En todo caso se podría afirmar que la sustentación de la enfermería proviene inicialmente de algunas fuentes de inspiración como las siguientes: • La ayuda mutua entre los miembros de las tribus primitivas. • La atención mágico- religiosa al enfermo. • El advenimiento del Cristianismo • Los ideales de las órdenes religiosas y militares que emergieron en las Cruzadas y el Medievo. 31 1- EL DESARROLLO MÉDICO En la Epoca Antigua (4.000 años antes de Cristo hasta el año 476 después de Cristo o caída del Imperio Romano de Occidente)3 se van a desarrollar diversas culturas las cuales marcaron el surgimiento de la civilización (la escritura, la organización social, económica, institucional, administrativa, represiva, política, castrense). Entre éstas se pueden señalar a las siguientes: China, India, Babilonia, Persia, Asiria, Palestina, Egipto, Fenicia, Grecia y Roma; así también culturas americanas como la Tolteca, la Maya, la Azteca, la Incaica y la Chibcha. Indudablemente un aspecto fundamental dentro del surgimiento de dicha civilización habría de ser también el desarrollo médico que paulatinamente se fue dando en diver- sas formas y condiciones; obviamente a partir de un proceso de varios milenios de duración. En ese amplio “transitar” algunos de los más fieles forjadores lo fueron en primera instancia los hechiceros, brujos y los sacerdotes-médicos; luego, conforme avanzaba la civilización en distintos lugares aparecen personajes médicos como: Huangdineijing, en China; Susruta, en India; Hamurabi, en Mesopotamia; y los papiros médicos de Egipto (Rameseum, Ebers, Smith, Hearst, ChesterBeatty, Carlsberg). Durante muchos siglos, las causas de las enfermedades obedecieron a diferentes conceptos. Una distribución de los mismos podría plasmarse de la siguiente forma: • Magia-hechicería: de tipo imitativa a través de un muñeco. • Religión-tabú: en base a la naturaleza o prueba divina por motivos de vergüenza o de culpa. • Introducción de un espíritu: por posesión de un demonio maligno. 32 • Pérdida del alma: denominada también susto o espanto por abandono del cuerpo o pérdida de la imagen.4 Uno de los períodos de mayor desarrollo médico de la época antigua se va a centralizar en dos culturas fundamen- tales de occidente: la griega y la romana. La medicina griega en un primer momento va a estar influenciada por aspectos sustanciales de orden mitológico partiendo de los “dioses” Apolo y Caronis, quienes instruyeron a Quirón, hijo de Plutón, y éste a su vez instruyó a Jasón, a Hércules, a Aquiles y a Esculapio (Asclepio). Es indudable que los poemas de Homero (La Ilíada y La Odisea) promocionaron notablemente esta “maravillosa” percepción, aunque en la realidad estuvieron vinculados a la medicina terrenal nombres como Empédocles y Alameón, así como los templos en donde se practicaba la medicina en honor a Esculapio. De esta etapa (denominada arcaica) parte el nacimiento de la historia clínica, algunos principios del ejercicio profesional y la idea de reunir a los pacientes en un solo local. El período clásico de la medicina griega está enmar- cada por el nacimiento de su más conspicuo representante: Hipócrates de Cos. Sin embargo, la entrada en vigencia de la “razón” estuvo cimentada por los aportes pioneros promulgados por extraordinarios pensadores, quienes en su conjunto trataron de interpretar el mundo conocido y sus diversos “fe- nómenos” en forma racional, basándose principalmente en la observación y en los hechos reales, y tratando sobretodo de alejarse de las supersticiones. A ese grupo pertenecen figuras como Thales de Mileto, Anaximandro, Pitágoras, Heráclito, Empédocles de Agrigento, Leucipo, Demócrito, Parménides, Protágoras, Sócrates, Platón, Aristóteles y Zenón. Como consecuencia de las nuevas ideas y concepciones sobre la naturaleza, la medicina fue el primer “arte” que 33 se hizo independiente dentro de la emergente filosofía natural, y delineando Hipócrates el comienzo de la medicina racional en base a un método debido a estas razones: • Separó la medicina de la religión y de la magia al rechazar las explicaciones sobre naturales. • Sistematizó la enseñanza, el estudio del paciente (pulso, temperatura, respiración, excretas, esputos y secreciones), los humores y la búsqueda de la etiología natural. • Forjador de la ética (Juramento Hipocrático) para la competencia profesional. De la Escuela Hipocrática también parte la distinción entre las epidemias y las pandemias, y los tratamientos prin- cipalmente a base de los dones de la naturaleza. Dentro de esto último resaltan los diversos tratamientos utilizados (aire fresco, dieta apropiada, sangrías, masajes y purgantes), así como variedad de fármacos de origen vegetal, mineral y ani- mal. Sobre esto mismo cabe mencionar los aforismos denun- ciados por dicha escuela, entre los cuales se encuentran los siguientes: • En todas las estaciones se padecen todas las enfer- medades, pero algunas son más frecuentes depen- diendo de las mismas. • Para las enfermedades más graves, son eficaces las curas más precisas. • En cualquier enfermedad, es buen síntoma cuando la inteligencia permanece despierta y gusta del ali- mento, lo contrario es mala señal. • Tanto el sueño como la falta del mismo, cuando pa- san de la medida, constituyen enfermedad. • La vida es breve, la ciencia es larga, la oportunidad es fugaz, la experiencia engañosa y el juicio difícil. 34 • Los que tienen tétanos se mueren en cuatro días, si sobreviven a esos días, entonces se curan. Complementariamente con la destrucción de Corinto (año 146 A.C.) por el ejército romano, la influencia de Grecia se va a sentir dentro del Imperio de Roma en todos sus ámbitos. Obviamente la parte médica recibiría un enorme empuje, sobresaliendo Catón el Censor, Plinio el Viejo, Asclequepiades de Bitinia, Aurelio Cornelio, Heliodoro, Antilo, Pedacio y su máxima figura: Claudio Galeno, médico de gladiadores y emperadores. Los aportes de Galeno se pueden sintetizar básicamente en lo siguiente: • Describe por primera vez una anatomía sistemática como fundamento del saber médico. • Demostró progresos importantes en Embriología y en Fisiología. • Mejoró la teoría hipocrática de los cuatro humores: bilis amarilla, bilis negra, flema y sangre. • Fue insistente en interesarse fundamentalmente por la causa de la enfermedad. • En terapéutica le dio especial énfasis a: aire-am- biente, comida-bebida, trabajo-descanso, sueño- vigilancia y los movimientos de ánimo. • En materia de fármacos recomendaba los de origen vegetal, animal y mineral, a partir de los siguientes supuestos: la índole del proceso de la enfermedad, la naturaleza del órgano afectado y la constitución del paciente. Como corolario de este avance médico, es imprescindible señalar adelantos que protagoniza la cultura árabe a partir del nacimiento del profeta Mahoma en el año 570 después de Cristo, y que enmarcarían en buena parte también el tiempo medioevo europeo a través de sus califatos disgregados por 35 oriente y occidente. Precisamente una de las características de mayor relieve de esta cultura sería la acogida y asimilación de las fuentes antiguas (la influencia greco-latina) y la reelaboración y mejoramiento de las mismas, sobresaliendo figuras carismáticas como Razes, Avicena, Avenzoar, Abulcasis, Averroes y Maimónides.5 Indiscutiblemente uno de los aportes de transcendencia de la cultura médica árabe lo fue la sistematización del saber antiguo, y su abordaje de la enfermedad desde el punto de vista clínico y patológico, siguiendo los postulados de Galeno y la teoría humoral; además, su forma de enseñanza estuvo cimentada entre la teoría y la práctica. Sin embargo, se puede resumir que el gran aporte de la cultura árabe lo fue la conservación de las obras clásicas y su traducción en varias lenguas; situación que estimuló en buena medida el quehacer europeo en el Renacimiento y la posterior revolución científica encabezada por Galileo, Copérnico, Kepler, Descartes, Bacon, Newton, Vesalio, Da Vinci y Torricelli, entre otros.6 2- LA PRÁCTICA DE LA ENFERMERÍA Y SU EVOLUCIÓN La práctica de la enfermería (en occidente y otras áreas de influencia) de manera organizada tiene su punto de partida en el advenimiento del Cristianismo. Efectivamente, el niño de Belén, Jesucristo El Redentor, cambiaría para siempre con su Credo buena parte de la faz del planeta tierra. Sus extraordinarias y revolucionarias enseñanzas se basaron en postulados como los siguientes: • Cualquiera que cumpla la voluntad de mi Padre que está en el cielo, éste es mi hermano, hermana y madre (las distinciones de raza, creencias y posición social, creadas por los hombres, carecían de fundamentos). 36 • Amarás a tu prójimo como a ti mismo (los intereses egoístas habían de dejar de dominar al mundo). • Ama a tus enemigos, haz bien a los que te odian. • Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados los hijos de Dios. • Si quieres ser perfecto, vende todo lo que posees y da a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo. • Todo aquello que quisieras que los hombres te hi- cieran a ti, hazlo tú a ellos. • Todo lo que hagas para el más insignificante de mis hermanos, lo haces para mí. • Porque estaba hambriento, y me distes de comer; estaba sediento, y me distes de beber; era un extranjero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; estaba enfermo, y me atendisteis; estaba en la cárcel, y vinisteis a mí (estímulos hacia la caridad, la medicina, la enfermería y la labor entre los presos).7 Jesús y sus discípulos (principalmente San Pedro y San Pablo) hicieron excepcionales sanaciones entre los enfermos e incluyendo servicios de enfermería para los desvalidos; siendo esto último una de las principales virtudes de la Iglesia primitiva. Dentro de la comunidad cristiana de los primeros tiempos en Jerusalén, los apóstoles eligieron en calidad de diáconos y diaconisas (ministros o servidoras) a diversos representantes para que se ocuparan de los enfermos y los pobres. O sea que, de la ayuda mutua al prójimo necesitado nace la caridad, pero por amor a Dios.8 Indudablemente los grupos de diáconos y de diaconisas fueron las primeras organizaciones formalmente vinculadas a la enfermería, ya que no sólo llevaban el mensaje de su iglesia casa por casa, sino que también daban alimentos, dinero, 37 consuelo y atenciones en casos de enfermedad. A este grupo perteneció Febe, una mujer influyente griega y portadora de la Epístola de San Pablo a los Romanos, y que por su labor en beneficio de los pacientes pobres se le dio el mote de la primera enfermera del mundo. Coincidentemente con las diaconisas, se desarrollaron conjuntamente dos organizaciones formales de mujeres: las Viudas y las Vírgenes. Éstas se caracterizaron por brindar alo- jamiento, alimentos y estímulos varios para los cristianos y sobre todo para los pobres en general. Los miembros del grupo de las Viudas no necesariamente debían de haber estado casadas, además, se requería que las mujeres viudas no lo fueran de más de un esposo y debían de hacer los votos de no volver a casarse. También entre los requisitos establecidos para formar parte de la misma figuraban la piedad, un carácter por encima de todo reproche, libertad de responsabilidades domésticas y tener entre 40 y 60 años de edad. A la par de las Viudas, a su vez, aparece la Orden de las Doncellas cuando los cristianos empezaron a interpretar la virginidad como una característica especial en la pureza de la vida. En síntesis, las tres Órdenes de mujeres tenían cono común denominador su vínculo con la Iglesia, el abandono de “ciertas actividades mundanas” para seguir a Cristo y la disposición de sus pertenencias para con los des- poseídos. Cabe resaltar que como consecuencia de la vida en comunidad y entrega de esos grupos de misericordiosas mujeres, se van a sentar las bases para el surgimiento de las “monjas” en la vida eclesiástica. Esa participación de la mujer, con mucha propiedad se describió así: “Las mujeres participaron activamente y por todo el tiempo en el desarrollo de la Iglesia Cristiana Pri- mitiva. Las cualidades de carácter que Jesús prego- 38 naba eran cualidades que los hombres asociaban con madres, las esposas y las hermanas, y las mujeres descubrieron en el cristianismo oportunidades para reforzarse a sí mismas en nuevas actividades. Podemos concebir fácilmente el entusiasmo con que hubieron de aplicarse, si se recuerda que hasta dicho momento las mujeres no habían conocido más que las labores doméstica”.9 Propiamente en Roma, los cristianos al principio fueron tolerados; sin embargo, al no admitir la divinidad del emperador muchos fueron perseguidos, torturados y ejecutados. Pero debido a su insistencia en pregonar su Iglesia y sus enseñan- zas, poco a poco la mayoría de ciudadanos romanos fueron aceptando y asimilando tal mensaje. Inclusive, el mismo em- perador Constantino se convertiría al cristianismo, y el mismo Estado romano la aceptaría como religión oficial. Con respecto a servicios de enfermería, la devoción a la caridad hizo mella en tres mujeres “aristocráticas”: Marcela, Fabiola y Paula. Estas ciudadanas romanas se inclinaron abiertamente al cristianismo, y como producto de esa vocación por conocer las “Sagradas Escrituras”, se dedicaron con estoicismo a las labores de caridad y de enfermería. Primeramente Marcela transformó su lujosa casa en un monasterio para mujeres, por lo que de hecho significó el primer monasterio cristiano de Roma y difusor de las nuevas concepciones. Fabiola, mujer de gran belleza, renunció a los “placeres terrenales” para entregarse con sobrado entusiasmo a las labores caritativas. En su propio palacio funda el primer hospital cristiano de Roma, y ella misma se distinguiría por el cuido de los enfermos, los pobres y los menesterosos. Por último, Paula, mujer distinguida y adinerada, emprendería un viaje por diversos lugares relacionados con la Iglesia cristiana 39 de sus inicios. Propiamente en Belén estableció un monasterio, construyó hospitales para los enfermos y hospicios para los peregrinos. Independientemente del camino trazado por el cristia- nismo, un nuevo orden de cosas va a iniciarse. Efectivamente, el declive del régimen esclavista, la desarticulación del Imperio Romano (en aspectos políticos, económicos y sociales) y las invasiones de las “tribus bárbaras”, entre otras causas, trajeron como consecuencia la destrucción del viejo sistema imperante, el cual sería sustituido por uno con base al feudalismo, la servidumbre, el regionalismo y dos grandes poderes: el Papa y el Emperador. Este nuevo orden se denominaría Edad Media, y se establecería entre los siglos V y XV después de Cristo, el cual se dividiría en dos períodos: alta edad media (siglo V al X) y baja edad media (hasta el siglo XV), y siendo una de las características más sobresalientes del largo período la consolidación de la cultura occidental sustentada bajo la obra de la Iglesia y en conjunción de elementos greco-romanos, germánicos y cristianos.10 En lo referente al desarrollo de la enfermería en la Edad Media, dos aspectos van a ser fundamentales para su desarro- llo: el Monaquismo y Las Cruzadas. ¿Por qué? Pues, el Monaquismo va a emerger como una alternativa importante en donde se van aglutinar diversos individuos en busca de refugio, paz y auxilio, aparte de promover su salvación personal a través de la práctica de “votos” como la oración, la abstinencia y la caridad (como los monasterios Benedictinos). A lo interno, los monasterios contaban con dormitorios, comedor, iglesia, zonas para cosecha, talleres y hospitales para proyectarse a zonas aledañas. En realidad muchos de estos monasterios se convirtieron en guardianes del conocimiento, ya que la lectura y resguardo de gran can- tidad de manuscritos de la antigüedad, así como transcrip- 40 ciones de documentos, era trabajo común entre los monjes y monjas. Inclusive, la proliferación de los monasterios repre- sentó una fuente de inspiración para las mujeres en su afán de hacerse más útiles a la sociedad, y haciendo que muchas se convirtieran en abadesas o superioras de los monasterios y conventos. En lo que respecta a la medicina y a la enfermería en la primera parte de la Edad Media (denominada alta), la atención de la salud y la situación sanitaria entre la población más bien retrocedió (en un ambiente en que la fe estaba por encima de la razón y las convicciones científicas). En tal caso, fueron en los monasterios (aquí se gestaron también las universidades) en que los monjes y monjas también llevaron el estandarte del conocimiento para la atención médica, terapéutica y los cuidados de enfermería, ya que los aportes de Hipócrates y Galeno eran resguardados con verdadero recelo, dentro de un entorno caracterizado por la escolástica y el feudalismo imperante.11 En dichos monasterios, las monjas y monjes obviamente practicaron la enfermería, sentando las bases de tan necesaria e importante actividad para el devenir de los tiempos. Por otra parte, desde tiempos antiguos (siglo I d. de C.) las peregrinaciones a Palestina para visitar los lugares santos se había convertido en cosa común para muchos creyentes, situación que se acentúa para la edad media. Sin embargo, pueblos invasores venidos del Turquestán, y que se habían convertido al islamismo, atacaron y tomaron muchas pose- siones de los árabes mahometanos incluyendo los lugares santos. Aparte de paralizar el comercio, los turcos selyucidas impidieron que los peregrinos cristianos visitaran Palestina, y también representando una seria amenaza para Bizancio o Constantinopla (Imperio Romano de Oriente). Como respuesta a tales afrentas, el papa Urbano II proclamó en Europa un 41 llamado general de guerra contra dichos invasores a partir de la fe religiosa, y teniendo como símbolo legitimador a la cruz y el perdón de los pecados. Por esa razón a este movimiento armado se le denomino “Las Cruzadas”, ya que fueron varias las que se sucedieron entre el año 1095 y 1270. Particularmente con la enfermería, estas “guerras santas” coadyuvaron para desarrollarla desde varios puntos de vista. En primer lugar, el ir y venir de grandes masas de población, hizo que se construyeran hospicios y hospitales por diferentes lugares para brindar atención médica a los guerreros y demás cuidados a los maltrechos viajeros. De esta forma aparecen los monjes-militares, que ostentaban una doble función: en- fermeros y soldados, y quienes serían conocidos como los Caballeros Hospitalarios u Ordenes Militares de Enfermería.12 A estos grupos pertenecieron los Caballeros Templarios, los Caballeros Teutónicos, la Orden de Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén y la Orden de Caballeros de San Lázaro. También bajo el amparo de la Iglesia aparecen otras después de “Las Cruzadas”, y que involucraban a hombres y mujeres en labores médicas y de enfermería: los Antonianos, los Hospitalarios del Santo Espíritu, las Beguinas, los Olivetanos, las Oblatas y los Jesuatos, entre muchas. Inclusive, a la par de las mencionadas, a su vez, aparecen otros grupos con ideales cristianos denominados Ordenes Mendicantes encabezadas por Santo Domingo (Dominicos) y San Francisco de Asís (Franciscanos), y caracterizadas por su labor misionera a favor de los necesitados y los enfermos en un primer mo- mento. En síntesis, los monasterios y las diversas congregacio- nes que se fundaron en el medioevo, así como el desarrollo de los primeros hospitales formales (como por ejemplo: Santo Espíritu, Hotel Dieu, Heilige Geist y Bartholomew), trajeron como consecuencia un adelanto en materia sobre cuidados 42 de enfermería, los cuales comprendían básicamente albergue, horas de alimentación, hierbas medicinales, lavado de llagas, vendajes para heridas y rezos. A su vez, uno de los aspectos más representativos en la enfermería como lo es la utilización de uniformes, también toma cuerpo en la edad media, ya que era esencial que los hombres y mujeres que se dedicaban a esta labor tuvieran sus rasgos distintivos. Entre éstos, cabe mencionar los vestidos, gorros, velos y sombreros.13 3- LAS GRANDES REFORMAS DE LA ENFERMERÍA A partir de la Edad Moderna (caída de Bizancio en 1453 o del “redescubrimiento” de América por los europeos en 1492) se van a ir produciendo toda una serie de inmensurables cambios de enorme trascendencia dentro de la cultura occidental. Su punto de arranque fue el desarrollo de las ciudades, del comercio y por la concentración de mayor poder de parte del “Estado Nacional”, que derrota finalmente la disgregación feudal. Claro está, desde “Las Cruzadas” y sobre todo después de éstas, el comercio surge con fuerza principalmente en las ciudades italianas, que se van a ver fortalecidas por el inter- cambio y el desarrollo artesanal, aparte de que también se establecen otras ciudades por el resto de Europa. Una de las características que distinguirá a esas ciudades y sus habitantes será la de tener mayor libertad de pen- samiento, una visión más amplia de mundo, gobiernos más representativos, mayores vínculos entre los monarcas y las clases poderosas (advenimiento los burgueses) y un desarrollo acelerado del mercantilismo.14 Aunado a esto, algunos movimientos que delinearán la época y su evolución posterior serán: 43 El Renacimiento: en Italia y otros países se despierta un interés inusitado por la cultura clásica antigua y sus fuentes de inspiración, expresándose a través del arte, el pensamiento, la filosofía, el humanismo, los descubrimientos, el conocimiento y la ciencia. La Ilustración: concepción cultural de liberación del es- píritu humano caracterizado por la confianza en la razón, la crítica a las instituciones tradicionales y la difusión del saber (enciclopedismo). La Reforma: movimiento de orden religioso cristiano, pero que emerge como protesta en contra de las prácticas corruptas avaladas por el Papado (en El Vaticano) como la venta de indulgencias, enriquecimiento, control de grandes territorios y la participación en los poderes terrenales; además, e! protestantismo luterano no va a reconocer la autoridad del Papa ni de los sacerdotes, y únicamente acepta las Sagradas Escrituras. La Contra-Reforma: frente a la disgregación que estaba padeciendo la Iglesia Católica, a partir del Concilio de Trento se fijan las normas por seguir: el celibato sacerdotal, el poder absolutorio de los sacerdotes y el carácter dogmático de lo que dicte el Papa, entre otras cosas. Además, Ignacio de Loyola funda la orden religiosa la Compañía de Jesús (los Jesuitas), y que se convertiría en el brazo político de mayor relevancia de la Iglesia católica por todo el mundo. Las Grandes Revoluciones: entre los siglos XVIII y XIX se van a suceder una serie de revoluciones (cambios absolutos) de enorme impacto para el devenir de los tiempos: la Revolución Industrial, la Revolución de los Estados Unidos, la Revolución Francesa (que marcaría la pauta de ingreso al mundo contemporáneo) y las Revoluciones Latinoamericanas. 44 En cuanto a la enfermería, la Epoca Moderna y durante el siglo XIX se producen alzas y bajas en cuanto a la práctica y la instrucción de tan importante disciplina. Específicamente en cuanto a la medicina, esta rama a partir del Renacimiento inicia un viaje de enormes proporciones (Paracelso, Paré, Jenner, Harvey, Sydenham, Pinel, Servet, Vesalio y muchos más) para darle finalmente su carácter científico. Pero este mejoramiento no fue el mismo para la rama de la enfermería, ya que todavía en el renacentismo y siglos posteriores era considerada como un arte puramente, y desvinculada del dominio intelectual. Empero, con la supresión de la vida monástica y de muchas congregaciones debido a la reforma protestante y a los cambios económicos-sociales, entre otras cosas, trajo como consecuencia un estancamiento y retroceso para la práctica de la enfermería, sobretodo dentro de un mundo camino a la masificación de la industria y con pésimas medidas sanitarias y de higiene para la población laboral de las ciudades. A pesar del panorama caótico que se presentaba para la práctica de la enfermería, hubo extraordinarias excepciones que no la dejarían sucumbir, más bien la moldearían hasta convertirla en una disciplina elemental, formal y profesional para las ciencias de la salud. A la Iglesia católica con sus reformas sociales le compete en buena parte este mérito, ya que apoyó la fundación de nuevas órdenes y congregaciones con inclinaciones para asistir a los desvalidos y a los pobres enfermos. De esta forma aparece la Orden de Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios (fundada por Juan Ciudad y Duarte, en 1540), cuyo prin- cipal objetivo era brindar atención en cuidados de enfermería en hospitales y hospicios; inclusive, llegando a convertirse en el patrón de los enfermos en muchas partes del mundo y bautizándose con su nombre muchos hospitales.15 45 Siempre dentro del mismo ámbito, otra orden que aparece y que tendría una enorme influencia para la enfermería, seria la impulsada por San Vicente de Paul: denominada la Congregación de la Misión, y quien junto a la sin igual Luisa de Marillac fundan el grupo de las Hermanas de la Caridad, de gran relevancia en todo el orbe en favor de los hospitales y los enfermos. También es digno mencionar a otros grupos afines como los siguientes: los Padres de la Buena Muerte, las religiosas de San Carlos Borromeo y las monjas Angustianas. Independientemente de lo impulsado por la Iglesia ca- tólica, a su vez, el aporte social del núcleo protestante (bau- tistas, cuáqueros, presbiterianos, metodistas, etc.) no se hizo esperar en orfanatos, lazaretos, cárceles, talleres, fábricas y barrios pobres. Uno de sus exponentes lo fue John Howard, quien plantearía reformas para las cárceles y lazaretos. Lo mismo sucedió con Sthepen Grellet, Elizabeth Fry, Dorothea Dix y Charles Dickens. Precisamente una de las reformas que cambió la conceptualización de la enfermería, lo fue la impulsada por los luteranos Theodor y Friederike Fliedner, en Alemania. ¡Sí! Ambos después de efectuar un amplio estudio por hospitales, albergues, cárceles y casas de caridad, plantearon que la mejor manera de dar asistencia a los pobres y brindar cuidados de enfermería sería a través de una antigua institución: las diaconisas. Efectivamente, los pastores Fliedner fundaron un limitado hospital, y luego ingresaron a él las primeras mujeres: Minna y Reichardt. Pronto ingresaron más mujeres con aspiraciones de ser diaconisas. Resultado: se constituye una especie de escuela de formación para la enfermería, especial- mente dedicada al alivio de los pobres, de la labor en las cár- celes y a la rehabilitación de los enfermos, y siendo el requisito para ingresar a dicha escuela el amor a Cristo; además, el método de enseñanza exigía lo siguiente: curso de tres años, 46 una edad mínima de ingreso de 18 años, cartas de cura y médico certificando moralidad y salud, enseñanza por medio de clases y conferencias, sistema de turnos rotación práctica entre los diferentes departamentos del hospital y la escuela, división de los estudiantes en grupos y obligatoriedad en el uso de uniforme: azul oscuro para los días de trabajo y negro para el descanso, aparte de delantal y gorro con tiras para fruncirlo alrededor de la cara. Obviamente la labor de los Fliedner tuvo un gran éxito, ya que su obra y su método de enseñanza se esparció por mu- chas partes de Europa, emergiendo una serie de hermandades de corte protestante, así como diversas congregaciones. Al menos en Inglaterra, y bajo los auspicios de la Iglesia nacional (anglicana: independiente del Vaticano a partir de 1533), se establecen hermandades como las siguientes: la Orden de la Merced, la Hermandad de la Casa de San Juan, las Hermanas de San Juan (totalmente dedicadas a la enfermería), la Hermandad de Todos Los Santos y la Hermandad de Santa Margarita.16 Indudablemente uno de los puntos culminantes de la enseñanza y la práctica de la enfermería se va a dar bajo la influencia de una gran reformadora por excelencia: Florence Nigtingale. Esta dama inglesa de familia aristocrática tuvo inclinaciones hacia la enfermería desde muy joven. Una vez concluida su profusa formación, viajó con sus padres por di- versos países de Europa. En ellos pudo conocer variedad de personalidades, así como temáticas diferentes: política, eco- nomía, arte y otras más. Sin embargo, lo que más le llamaría la atención sería la acción social que efectuaban algunas se- ñoras en Francia y el desenvolvimiento limitado de institu- ciones de caridad como los hospitales, e incluyendo la obra piadosa que llevaban a cabo las Hermanas de la Caridad (de San Vicente de Paúl y Luisa de Marillac). También influiría 47 decididamente para forjar su vocación hacia la enfermería, el conocer personalmente la gestiones que venían realizando los Fliedner, en Alemania. Principalmente Florence Nightingale se dedica a recopilar todo lo referente a métodos de enfermería y enseñanza, así como de administración de hospitales. Su primer cargo de enfermería lo encontró en su propia Inglaterra; una pequeña institución de servicio para mujeres, y en donde también dejaría plasmada su idea fundamental: la organización de una escuela formadora de enfermeras. Pero su vocación a gran escala se pondría a prueba en la guerra de Crimea (1854-1856), debido a las pésimas condiciones en cuanto a la asistencia hospitalaria que se les daba a los soldados ingleses. Al enterarse, Nightingale reclutó personal femenino interesado en brindar este tipo de servicio en los hospitales militares: 38 mujeres (entre religiosas católicas, protestantes y civiles) con- formaron ese primer “batallón” de mansedumbre, “comandadas” hábilmente por Florence. Las condiciones de esos hospitales (que más bien parecían barracas) eran desastrosas: sin ventilación, llenas de roedores e insectos, pocas camas, deficiente servicio de agua, mala alimentación, insalubres y sin enseres de primera necesidad. Ante tal panorama, Florence Nightingale introduce mejoras en la alimentación, cambios de ropa de cama, lavado de ropa y una mejor distribución de las salas para los pacientes, aparte de una serie de cuidados de índole de enfermería de trato directo con el enfermo. Inclusive, muchas otras mujeres (algunas sin conocimientos) se enfilaron en dicho “batallón”, estando la dama inglesa siempre presta a capacitarlas y formarlas adecuadamente en tan abnegadas tareas; situación que también hizo con sobrados méritos en el bando contrario (los rusos) la dama Pavlova.17 Para el final de la guerra, un campo fértil asomaba para la enfermería para el devenir, 48 sabiamente irrigado por los conocimientos, dotes, sacrificio, entrega y abnegación de la “señora” Nightingale. A su regreso, un país agradecido la esperaba para honrarla y vitorearla, pero lejos de vanagloriarse ella rehuyó tal bienvenida pasándose de incógnito. Definitivamente la labor de “esta verdadera dama de hierro” en aras de mejorar el saneamiento, la higiene y la enfermería, hizo que las autoridades inglesas se interesaran por las medidas preventivas como forma de salvaguardar la salud prioritariamente dentro del ejército, así como influir para que se hicieran importantes reformas entre los hospitales civiles y militares Empero, porque el objetivo primario en base a su experiencia estaba inconcluso. Y ¿Qué era? Pues, la reforma de la práctica de la enfermería a través de la creación de una escuela modelo. Los objetivos de Florence pronto se le hicieron realidad, ya que gente agradecida y comprometida con su causa crearon un fondo en su honor para completar tan sentido requerimiento. Efectivamente, en el Hospital de Santo Tomás y con la ayuda de la matrona Elizabeth Wardroper (Florence tenía la salud resquebrajada por sus esfuerzos en Crimea) nace dicha escuela, que siguiendo los planes de la señora Nightingale, iba a tener requisitos como los siguientes: ingreso para jóvenes educadas que tuvieran entre 25 y 35 años, cursos de enseñanza teóricos y prácticos con conferencistas médicos, entrenamiento diario en el hospital, estudios por tres y cuatro años, dormitorios de residencia para las estudiantes dentro del hospital, vigilancia constante, visitas de diversas personalidades para charlas y posibilidades de ingreso para todas las mujeres. Resultados: más de quinientas enfermeras certificadas durante 25 años, demostración palpable de la utilidad e importancia de una enfermera bien preparada y secularización del servicio de enfermería (a pesar de su carácter 49 religioso, apartó la influencia de los grupos sectarios y religiosos). Finalmente, la “Madre de la Enfermería” dejó cumplida su misión para beneficio de la humanidad doliente y necesitada, sentando las bases de sustentación, especialización y profesionalización de la enfermería a nivel mundial para las generaciones venideras, además de perfilar las características esenciales que debe tener una enfermera para con el enfermo y el prójimo postrado: fe, caridad, apostolado, espiritualidad, obediencia, prudencia, responsabilidad, disciplina, temperamento, templanza, vocación y secreto profesional.18 Entonces ¿Cómo fue la práctica de la enfermería en el Hospital San Juan de Dios durante los siglos XIX y XX? 50 TÍTULO II CREACIÓN DEL HOSPITAL SAN JUAN DE DIOS Para comprender el desenvolvimiento que va a tener el desarrollo de buena parte de la enfermería en Costa Rica, es muy importante detallar aunque sea someramente algunas facetas que han caracterizado la evolución inicial y subsecuente del Hospital San Juan de Dios durante siglo XIX, ya que es en su valioso entorno en donde se va a iniciar formalmente tan fundamental actividad práctica y teórica para beneficio del enfermo; pero sobre todo para los pacientes más necesitados, los cuales desde un principio colmaron las salas del Benemérito Hospital en busca de su ávido consuelo. 1- ANTECEDENTES Y EJECUCIÓN DE LA OBRA Durante la época Colonial, la provincia de Costa Rica perteneciente a la Capitanía General de Guatemala se desenvolvió bajo una serie de limitaciones de diversa índole: unas impuestas por la Corona a través de la misma Capitanía, y otras de orden interno de tipo económico, social y geográfico. Como resultado de esas condiciones, las características imperantes fueron de pobreza, de abandono y de una economía sumamente limitada y con escaso nivel técnico; sin embargo, aunque hubo algunas excepciones como los ciclos de producción del cacao y tabaco, y que propiciaron acumulación de capital alrededor de un grupo de españoles y “criollos”, la realidad fue que estas actividades no sacaron del marasmo a la economía colonial de la provincia de Costa Rica.19 También la población fue escasa y dedicada ineludiblemente a la tierra para poder existir, y trayendo como resul- 51 tado el advenimiento del labriego costarricense; 20 aunque en realidad la igualdad no fue una característica generalizada en la colonia.21 En lo que respecta a las condiciones de salud, éstas también fueron definitivamente deficitarias, máxime si se toma en cuenta la carencia de médicos que existía en la provincia. Obviamente la atención de los enfermos generalmente estuvo bajo los cuidados de gente sin conocimientos profesionales (charlatanes, empíricos, espiritistas y curanderos); salvo los casos comprobados y titulados de Esteban Courti (última década del siglo XVIII) y Manuel Del Sol (primera década del siglo XIX). En lo referente a instituciones de salud, el primer intento formal para crear un hospital en territorio costarricense se va a dar gracias a una visita que hiciera el Obispo de Nicaragua y Costa Rica, Monseñor Esteban Lorenzo de Tristán. Este “Prelado” propuso en 1782 la fundación de una casa de salud en el Convento de la Soledad, haciéndose realidad debido a sus propias donaciones. El hospital, establecido en Cartago, fue administrado en primera instancia por clérigos de la Orden de San Juan de Dios venidos de Guatemala, siendo Fray Pablo Bancos su primer regente. Sin embargo, la realidad fue que el hospital prácticamente no funcionó debido a varios factores: por la férrea oposición revanchista de las autoridades y jerarquía cartaginesa en contra del establecimiento del mismo, ya que no aceptaron que Tristán terminara con el uso indebido que se hacía en la casa de la Cofradía de la Virgen de los Angeles; por la oposición que atestiguaron otras órdenes religiosas (como los franciscanos); y por la misma mala administración que hicieron los administradores del hospital.22 Después de la Independencia, Costa Rica evidenció problemas en su territorio libre como falta de organización, inestabilidad y diversos problemas heredados de la colonia. 52 También se dieron divergencias para la formación de un Estado nacional sólido, debido a la disputa entre conservadores y liberales e imperialistas y republicanos; situación que se patentiza con la guerra de Ochomogo (1823) y la guerra de la Liga (1835), hechos propiciados por intereses económicos y políticos de los grupos en disputa, y que afectaban el proceso de búsqueda de alternativas de organización interna. El panorama reinante sobre la conformación del Estado se va a ir aclarando bajo la influencia bienhechora primeramente de don Juan Mora Fernández, la influencia codificadora del Lic. Braulio Carrillo (también la separación de Costa Rica de la República Federal Centroamericana en 1838), y la influencia constructora y práctica política plasmada por el Dr. José María Castro (consolidación de la República en 1848). En el plano económico y después de los procesos heredados de la colonia, la estructura definitivamente tomaría un nuevo mundo con las exportaciones de café a Chile (década de 1830) y a Inglaterra (década de 1940). Con esto, el panorama económico costarricense cambiaría sustancialmente, y será a partir de dicha actividad donde descansará el peso del desarrollo económico y social del naciente Estado Nacional. Efectivamente, con la introducción de las nuevas relaciones productivas, el país se transformaría totalmente, ya que bajo esos cimientos se yergue la diversidad nacional; y que el Dr. Jorge Mario Salazar la define así: “Con el cultivo y exportación del café, la economía costarricense se incorporó al mercado capitalista internacional, como economía monoproductora y monoexportadora, lo cual permitía la constitución de un fuerte sector de cafetaleros y comerciantes quienes controlaron los medios de producción, la riqueza y el aparato estatal, bajo los liniamientos del liberalismo positivista”.23 53 En lo concerniente al desarrollo hospitalario, en primera instancia y bajo el gobierno de Juan Mora Fernández, se emite un decreto para erigir un hospital en San José con el nombre de San Juan de Dios en 1826, sin que se hiciera realidad tal acción. También se hicieron variados intentos para fundar un leprosario pero tampoco se hizo realidad para estos primeros años de independencia. Las buenas intenciones de fundar un hospital en la vida republicana se va a dar formalmente el 3 de julio de 1845, al emitirse el decreto de creación de un hospital general con el nombre de San Juan de Dios, y dentro de un entorno en que se requería de una casa de salud en donde poder atender a los pobladores. La propuesta provino de parte del Dr. Castro Madriz, quien como Presidente de la Cámara de Representantes la impulsó vehementemente. Prueba de ello lo fue su exposición de motivos para justificarlo, y que entre otras cosas manifestaba que: “La obligación del gobierno de una sociedad de procurar la salud de todos los que no tienen medios de curarse por sí; la necesidad de poner un hospital para estudiar las enfermedades del país en un teatro que ofrezca muchos ejemplares a la vez; la de procurar para los jóvenes en lo sucesivo donde verificar los estudios de la medicina; la falta de un local donde practicar las operaciones que en las casas de los infelices no pueden ejecutarse o no surten efecto, donde hacer los reconocimientos de los cadáveres las veces que se presentan, donde ofrecer a todos los vecinos piadosos la reunión todos los que demandan su caridad; y en una palabra, la imperiosa necesidad de abrir a la ciencia médica, apenas naciente en nuestro suelo, un cam- 54 po de elevación y progreso y un refugio a la humanidad doliente, son razones que no se ocultan a la sabia penetración de los Representantes del Pueblo, para hallarse tan impulsados como yo, a la erección de un Hospital General del Estado”.24 Complementariamente con el decreto de fundación del Hospital San de Dios, también se le estaba dando vida a otra importante institución: la Junta de Caridad de San José, y que se convertiría a través de más de 130 años como su fiel acom- pañante en su administración. La primera Junta de Caridad nombrada estuvo conformada por las siguientes personas: Dr. Nazario Toledo, Eusebio Rodríguez, Lic. Cruz Alvarado, Ramón Castro, Manuel Alvarado, Br. Luz Blanco, Br. José María Zeledón, Dr. Víctor Castella, Dr. José María Montealegre y Cipriano Fernández, además de los Presbíteros José Ulloa, Cecilio Umaña, José Madriz y Juan Carrillo-25 El principal logro de esta primera Junta de Caridad, que contaba con amplia influencia de la parte eclesiástica, lo fue la compra de la propiedad inicial en donde se construiría el ansiado hospital. Dicho terreno se localizaba al oeste del centro de la Capital (frente al parque De La Merced) y pertenecía a Santiago Fernández. El mismo tuvo un costo de 1.500 pesos, aunque antes de hacerse realidad la transacción, se presentaría un problema: algunos argumentaban lo distante que quedaba del parque Central, además de que el sitio era bastante pantanoso.26 Sin embargo, a pesar de la oposición, la Junta lo ubicó definitivamente ahí (entre el parque Braulio Carrillo y el Paseo Colón). Después de efectuar la compra del inmueble (en 1846), esta primera Junta dejó de funcionar normalmente por limi- taciones financieras, más no pudiendo levantar el edificio. Ante tal panorámica, el Presidente de la República, don Juan 55 Rafael Mora, retoma con fuerza el decreto inicial de construcción del Hospital San Juan de Dios. Para ello, emite el primero de julio de 1852, un decreto en donde establece nuevas disposiciones en su afán de conseguirlo, siendo lo más sobresaliente el nombramiento de una nueva Junta de Caridad a cargo del Obispo Anselmo Llorente y la Fuente con poderes extraordinarios, y teniendo Llorente como compañeros a los señores: José Joaquín Mora (hermano del Presidente), Dr. Bruno Carranza, Nicolás Ramírez, Vicente Herrera y Francisco Gallardo. Para la construcción del edificio fue fundamental la par- ticipación de la Iglesia Católica y su organización, ya que a través de los púlpitos se le hacía un llamado a la población para que colaboraran con limosnas para lograr el objetivo. También participaron con regalías a favor de la construcción diversos estratos de la sociedad civil, aparte del producto de algunos impuestos delineados por el Estado para con ese fin. Decididamente la venerable junta de Caridad inició la construcción del edificio en el año 1853, estando la obra concluida en 1855 a un costo de 30.000 pesos, 27 y significando “una esperanza para la humanidad doliente, para el forastero desvalido, para el nacional indigente y para todo el que quiera buscar en él la curación de sus males”.28 La primera gran prueba que va a tener el Hospital San Juan de Dios con respecto a la prestación de sus servicios estaría vinculada con la Campaña Nacional de 1856- 1857 (la guerra libertaria contra el esclavista norteamericano William Walker y sus huestes filibusteras), cuando los soldados costarricenses después de la Batalla de Rivas volvieron heridos a San José, además de la enorme problemática originada por el contagio masivo del cólera que cundió entre los miem- bros del ejercito y la población civil costarricense y que mató 56 Aproximadamente a 10.000 personas. Indudablemente la participación del hospital a cargo del Dr. Carlos Hoffman fue importante en ambas calamidades para atenuar la crisis desa- tada, ya que se suministraba “alimentos, curación y medicinas por cuenta del Supremo Gobierno”.29 Después de pasada dicha emergencia, el hospital vino a menos debido a su carestía de fondos para poder funcionar adecuadamente, a pesar de los esfuerzos de los miembros de la Junta en su afán de conseguirlos. En esto, tampoco el gobierno pudo hacer nada, ya que los gastos acaecidos pro- ducto de la guerra fueron cuantiosos (compra de armamentos, de material de guerra y de pertrechos bélicos en general) afectando ostensiblemente el presupuesto nacional.30 Conse- cuencia: el hospital cierra sus puertas en 1861, no sin antes presentarse un choque frontal por aspectos políticos e ideo- lógicos entre el Presidente Mora y el Obispo Llorente, trayendo como consecuencia la expulsión del Prelado de suelo costarricense. Después de estar inactivo el hospital por más de dos años, el gobierno del Lic. Jesús Jiménez asume el reto de re- habilitarlo nuevamente a través de la emisión del decreto # XXIII, del mes de octubre de 1863.31 La estrategia para poder hacer realidad la reapertura consistió fundamentalmente en crear una Hermandad de Caridad que como Patronato pudiera aportar limosnas para poder sostener el hospital, aparte de los impuestos correspondientes. Dicha Hermandad estaría constituida por hombres y mujeres piadosas, con solvencia económica y capaces de interesarse por aliviar las dificultades de los pacientes y del hospital en su plano financiero y funcional, así como la de nombrar a los miembros que com- pondrían las Juntas de Caridad subsiguientes. Cabe resaltar que aquellas personas que donasen o legasen al hospital su- mas no inferiores a 500 pesos, se les nombraban bienhecho- 57 res y se les daba un espacio gratuito en el cementerio para la construcción de su Mausoleo. Definitivamente con mejores condiciones económicas y organizativas, el Hospital San Juan de Dios abrió sus puertas el ocho de marzo de 1864 para nunca más cerrarlas a la “humanidad doliente”, y sobresaliendo los nuevos miembros de la directiva de la Junta de Caridad compuesta por las siguientes personas: Manuel Mora, Manuel Gutiérrez, Alejo Jiménez, Francisco Gallardo y Florentino Herrera como titulares, y los señores Nicolás Gallegos, Joaquín Alvarado, Ramón Quirós, Telesforo Alfaro y Benjamín Herrera en calidad de suplentes. También un grupo de apoyo femenino para las labores hospitalarias fue conformado por las siguientes señoras: Ignacia Sáenz de Gallegos, Esmeralda Oreamuno de Jiménez, Elena Giralt de Ulloa, María Montealegre, Manuela Gallegos, Mariana Devars, Feliciana Quirós de Bonnefil y Juana Fernández. Como un dato adicional de importancia, precisamente durante este primer año de labores, el Hospital San Juan de Dios atiende a 74 enfermos (38 hombres y 36 mujeres), de los cuales fallecen 20. Cada paciente tuvo un promedio de estancia de 62 días, siendo el costo diario por paciente de 17 centavos; además, el concepto de gasto por medicinas, alimentos y personal fue por un monto de 1.114 pesos y un real.32 2- CONDICIONES ECONÓMICAS Las condiciones económicas que caracterizaron la manutención del Hospital San Juan de Dios a través de la abnegada Junta de Caridad de San José durante el siglo XIX estuvieron enmarcadas dentro del plano de la caridad y con una visión religiosa de corte cristiano. Efectivamente, primero con el Estado oligárquico patrimonial, y luego con el modelo 58 oligárquico-liberal, la forma de atender el Estado costarricense asuntos sobre la salud descansaban bajo el contexto caritativo y con gran influencia de la Iglesia Católica. Dentro este marco, la participación del Estado únicamente se circunscribía a emitir decretos e impuestos para favorecer la atención y el cuidado de los enfermos y desvalidos, pero sin responsabilidad directa en la administración de instituciones. Esto último el Estado lo delegaba a corporaciones u organizaciones de bien cívico- social como la Junta de Caridad de San José, así como al noble altruismo de los que podían contribuir. Al Hospital San Juan de Dios desde un principio el Estado le fijó rentas para su desenvolvimiento: mil pesos anuales del Tesoro Público (que casi nunca se entregaban), algunas rentas del Lazareto, una parte de la masa decimal, impuestos sobre testamentos y derechos de sepulturas.33 Sin embargo, estos fondos siempre fueron insuficientes, ya que el hospital pudo levantarse gracias a la generosidad caritativa del pueblo en general. Posteriormente se decretaron otros impuestos para su manutención: impuestos sobre boticas, impuestos sobre mausoleos, impuestos sobre pasajes de ferrocarril, ventas de nichos (junto al decreto de creación del hospital, también se creaba el Cementerio de San Juan de Dios, y que poste- riormente fue denominado Cementerio General), donaciones y limosnas en general. La realidad fue que durante muchos años la falta de suficientes fondos contrariaban las buenas intenciones de la Junta por mejorar las instalaciones y el servicio del hospital. Inclusive, uno de los principales objetivos era trasladar el edi- ficio a otro lugar, aspecto que no se pudo lograr por falta de los mismos. Un ejemplo de la situación económica en que se desen- volvía el hospital queda reflejada en los siguientes números para el año de 1967: 59 INGRESOS Por mortuales: 1.528,29 pesos Por boticas: 323,00 pesos Por mausoleos: 167,50 pesos Por donaciones: 273,13 pesos Por intereses: 160,00 pesos EGRESOS Por alimentos: 1.487,61 pesos Por vestido y ropa de cama: 117,00 pesos Por sueldos para médico y sirvientes: 962,20 pesos Por reparaciones: 72,60 pesos Por gastos de secretaría: 12,00 pesos34 Las limitaciones económicas que caracterizaban a la Junta para atender sus responsabilidades hospitalarias dicho- samente tuvieron un gran alivio. ¿Por qué razón? Pues, una cuantiosa suma estimada en 152.565 pesos oro fue legada por el sacerdote Cecilio Umaña a favor del hospital. iSí! Umaña (quien fue Presidente del primer Congreso Constitucional y forjador del cantón de Moravia) desde un inicio estuvo vin- culado al hospital desde la formación de la primera Junta de Caridad, y sus donaciones en enseres o metálico siempre es- tuvieron presentes a través de los años. Por tal razón la Junta lo había nombrado “Bienhechor del Hospital”, ya que su vida estuvo estrechamente ligada con el apoyo de los desvalidos, los abandonados y los enfermos, haciendo un uso caritativo de su amplio caudal financiero. Indudablemente con el aporte dejado por el padre Umaña, en el Hospital San Juan de Dios se pudieron efectuar mejoras muy necesarias desde el punto de vista de la infraestructura, y a su vez, se fue consolidando la institución en su plano técnico con base a un mejor soporte económico. 60 Esto debido a que la que la suma legada por Umaña fue utilizada de la siguiente manera: 70.000 pesos depositados en el Tesoro Publico a un interés de 1% mensual, 58.565 pesos prestados a particulares al mismo interés y 25.000 pesos en acciones y créditos.35 Pero no se crea que con la suma mencionada el hospital funcionaba holgadamente, ya que las necesidades para la atención de los enfermos eran muchas; además, se debe tener en cuenta que el Hospital San Juan de Dios fungía como un centro nacional de asistencia médica, y como tal, a él acudían enfermos de todas partes del país abarrotando sus instalaciones. Un ejemplo de ello lo dan los siguientes datos del año 1881: Pacientes admitidos: 365 Nacionalidades: costarricenses 186* jamaiquinos 21 * chinos 25* nicaragüenses 20* Ingresos: 16.233,03 pesos Por capitales devueltos Por derecho de mortuales Por limosnas Por venta de materiales Por venta de mausoleos Por arrendamiento de nichos Egresos: 15.133,92 pesos Por alimentación Por medicinas Por leña Por útiles domésticos Por mobiliario Por sueldos Por vestuario Costo diario por paciente: 1, 15 pesos 61 Obviamente conforme fueron mejorando las condiciones del hospital, su mecánica funcional también fue en aumento, así como sus costos de manutención. Por eso ya para finales de siglo lo ingresos provenían de conceptos como: pensión de estancias, impuestos de sucesiones, pago de intereses, impuestos sobre pasajes de ferrocarril, legados, donaciones, ventas de cementerio, pagos por préstamos, venta de materiales y abonos del gobierno. A su vez, los egresos se constituían principalmente por alimentos, medicinas, alum- brado, leña, vestuario, útiles de dormitorio, ornamentos para capilla, sueldos, instrumentos, reparaciones, gastos generales y eventuales.36 Finalmente, cabe resaltar dentro del marco de la benefi- cencia, que el Hospital San Juan de Dios pudo modernizarse para los primeros años del siglo XX, gracias a una ley emitida por el Presidente de la República, Lic. Cleto González, en el año 1909. La misma mandaba a que los sobrantes producto de las ventas de la Lotería Nacional, pasaran a engrosar los fondos del Hospital San Juan de Dios para poder hacer frente a sus múltiples necesidades como el principal Hospital General de la Nación. Esto porque la creación de la Lotería Nacional en 1885 (con el impulso decidido del Dr. Carlos Durán), estipulaba que esas rentas eran específicas para la construcción y posterior manutención del Hospicio Nacional de Locos (Asilo Chapuí).37 Por lo tanto, no es sino hasta 25 años después de la creación del juego, que el Hospital San Juan de Dios empieza a recibir dividendos como producto de ese concepto, y que con el paso de los años se convertiría en su principal fuente de sustento. 62 3- SERVICIO MÉDICO El servicio médico del Hospital San Juan de Dios duran- te el siglo XIX pasó de una connotación simple a un servicio estable y complejo, obviamente dentro de un plano enmar- cado por los adelantos y conocimientos médico-científicos y de tecnología en general, y en concordancia con las posibi- lidades que fueran presentando las condiciones económicas por seguir Con respecto a la atención médica del hospital, ésta recayó en un primer momento en el Dr. Carlos Hoffman, pri- mer director del hospital, de origen alemán y cirujano mayor del ejército costarricense. Su principal labor a cargo del hospital constituyó en el poder brindar los primeros servicios médicos tanto a los soldados costarricenses como a bastantes filibusteros que ingresaron heridos al hospital en calidad de desertores y prisioneros. Durante los años 1856- 1857 atendió a más de 600 enfermos que presentaban enfermedades como disentería, heridas, hidropesía, úlceras, demencia, lepra, pulmonía, reumatismo, cáncer, tiricia y melancolía, entre otras. Inclusive, para los pacientes y la población atacada por la terrible enfermedad del cólera, el Dr. Hoffman recetaba como remedio terapéutico el abstenerse de todo alimento sólido y tomar té de manzanilla con una cucharada de cogñac para sudar copiosamente. También recomendaba para cuando se presentaban las evacuaciones la utilización de polvos de Dower y cocciones de arroz, ipecacuana como vomitivo, fricciones alcalinas de láudano y alcalí; y una mezcla de alcanfor con espíritu de vino y agua caliente que el paciente debía tomar en cucharaditas y cada cinco minutos.38 Para la década de 1860 el Hospital San Juan de Dios era atendido desinteresadamente por el Dr. Cruz Alvarado, mé- dico costarricense graduado en Guatemala, y quien contaba 63 con la ayuda honorífica de los Drs. Buenaventura Espinach (de origen español) y Alejandro Frantzius (alemán), quienes visitaban diariamente el hospital. Una de las principales re- formas que proponen que la división del área hospitalaria en tres secciones: una para mujeres, otra para hombres y una tercera para el personal. Para la décadas de 1870 y 1880 el servicio médico, que todavía estaba poco regulado, indistintamente estuvo a cargo de médicos como: Cruz Alvarado, José de Irías, Valentín Ortiz, Bruno Carranza y Rafael Hine. En realidad estos médicos (quienes fungían como encargados directos del hospital) brindaron sus servicios prácticamente de una forma gratuita, asistiendo al hospital por lo menos durante una hora diaria y contando para muchas ocasiones con la desinteresada cola- boración de médicos de la talla de Juan José Ulloa, Ramón Boza, Daniel Núñez, Pánfilo Valverde, Martín Bonnefil, Julián Blanco, Otoniel Pinto, Rogelio Cruz y Tomás Calnek, además de la figura más sobresaliente: el Dr. Carlos Durán. La participación del Dr. Durán en el Hospital San Juan de Dios y la Junta de Caridad se puede determinar a todas luces como de extraordinaria. Efectivamente, Durán con excelentes calificaciones obtiene su profesión de médico y cirujano en Londres, Inglaterra, e incorporándose en 1875 al Protomedicato de la República (creado en 1857) y especial- mente al Hospital. Las reformas impulsadas por el Dr. Carlos Durán abar- carían diferentes ámbitos del servicio hospitalario y organi- zativo. Una de las principales lo fue el crear un verdadero departamento de cirugía para sala de operaciones y dotarlo del instrumental técnico necesario. Esto debido a que las ope- raciones que se efectuaban se hacían al descubierto, en pasi- llos o cualquier salón, sin anestesia (por que no se conocía: Durán la introdujo) y a vista de otros pacientes. 39 También 64 por la misma razón inició la especialización en los salones, ya que los pacientes con diferentes dolencias generalmente se encontraban revueltos unos con otros. A su vez, instauró el señalamiento detallado el movimiento de entrada de los pacientes, así como su debido diagnóstico. Sin lugar dudas, uno de los extraordinarios aportes le- gados por el Dr. Durán, lo fue el estudio de la enfermedad conocida como “El cansancio”. Este mal producía enormes estragos (mayor mortalidad) entre la población costarricense, especialmente para las gentes trabajadoras en las tareas del campo, y asiduos asistentes a las salas del Hospital San Juan de Dios en busca de la recuperación de su salud perdida. Du- rán alarmado ante tal panorama, buscó la respuesta a través de autopsias y el microscopio (introdujo el primero a Costa Rica), encontrándose entre los pacientes fallecidos la causa de muerte: el nemátodo denominado Ankilostomun duodenale conocido como el temible ankilostoma, y siendo la cura para este mal el timol. La ankilostomiasis la descubrió Durán en el año 1896, y la característica fundamental que presentaban los pacientes infectados por dicho mal era la de una anemia severa y perniciosa; mal básicamente contraído por las personas que efectuaban sus labores sin calzado y obviamente mano de obra vinculada a la actividad económica y comercial imperante para el Estado costarricense: el café (y que desalentó la diversificación agrícola). Quizá por esa razón el Lic. Rodrigo Cordero señaló lo siguiente: “La anquilostomiasis estudiada por el Dr. Durán nos conecta de nuevo con el tema de las clases sociales y su desenvolvimiento histórico, cuya importancia es central en relación con la proble- mática social del San Juan de Dios y como que 65 en ese sentido es una especie de laboratorio en donde el fenómeno político dibuja su espectro. Esta enfermedad es una parasitosis de un ciclo complejo, pero para que se presente en sus formas masivas, se debe concurrir al trabajo con los pies descalzos en los medios rurales altamente contaminados por la ausencia de letrinas, la condición nutricional defectuosa y la falta de normas higiénicas elementales... Podríamos pues, decir que la anquilostomiasis es una enfermedad de clase, o si se prefiere, determinada por categorías vitales de clase... Las pésimas condiciones higiénicas y la total ausencia de garantías sociales agravadas por el aumento de la población de la clase trabajadora, media urbana y semi-urbana, significarán un problema muy agudo para el Hospital San Juan de Dios.”40 Pero las tareas del Dr. Carlos Durán en el Hospital San Juan de Dios no solo eran de corte puramente médico, porque también abarcó otras áreas de trabajo indispensables para la buena marcha del mismo. Uno de estos campos lo fue la parte de la contabilidad, ya que prácticamente la misma era un desorden, sobre todo con los fondos (dejados por el padre Umaña) que se prestaban a particulares sin ningún control. Para evitar esas complicaciones, Durán con la ayuda de Jaime Ross establecieron e implantaron un sistema apropiado de contabilidad general en aras de solucionar el problema. El normativo fue muy amplio, y entre sus aspectos más relevantes se destacan los siguientes: • Le corresponde a la Junta de Caridad dictar el presupuesto de ingresos y egresos. 66 • Las cantidades que deban entregarse en la Tesorería, se harán constar por medio de un recibo firmado entre el tesorero y el entregante. • Las limosnas que en dinero se recauden dentro del hospital, serán colocadas en una arca, cuya llave guardará el Presidente de la Junta. • Los recibos de entero deben de ser firmados en el tronco del libro por el interesado. • El sábado de cada semana, a las seis de la tarde, se llenará por cada de los ramos que estén a cargo de la Tesorería una orden de entero por valor de lo colectado. • Toda cantidad que ingrese al hospital y al lazareto serán depositados en la Tesoro Nacional. • Todo pago que haga el tesorero será en virtud de orden firmada por el presidente. • Los giros por gastos semanales expresarán solamente la cantidad, y la clasificación de las cuentas lo hará el tenedor de libros con vista de las planillas. • El tesorero llevará libros por partida doble y observará las disposiciones del código de comercio. • El tesorero abrirá las cuentas que sean necesarias (por legados, donaciones, vales a cobrar, alimentos, medicinas, mobiliario, reparaciones, vestuario, sueldos, etc.) y presentará mensualmente la existencia en caja. Además, se publicará en el Diario Oficial el estado de ingresos y egresos. En síntesis, los aportes y las innovaciones impulsadas por el Dr. Durán fueron de diversa índole. No se limitó al sim- ple ejercicio profesional, sino que vino a convertirse en un factor de orientación y modernización hospitalaria: adaptación al sistema hospitalario inglés, implantación del médico interno o residente, la separación de servicios, el inicio de la 67 microbiología, orientación científica en la clínica y la cirugía y la aplicación de la anestesia. A su vez, dentro de la investigación, cabe resaltar sus estudios sobre diferentes enfermedades (anquilostomiasis, malaria, tuberculosis, etc.); así mismo se le puede considerar como el precursor de la salud pública nacional por su labor en pro de la higienización y sanidad (letrinización, medidas preventivas, agua potable, cañerías, etc.). Inclusive, gracias a sus esfuerzos se crea la Lotería Na- cional, el Hospital Psiquiátrico y el Sanatorio Antituberculoso de Tierra Blanca, en Cartago.41 Para la última década del siglo XIX, el servicio médico del Hospital San Juan de Dios queda totalmente regulado y debidamente estructurado. ¿Razón? Pues, para esta década entra en vigencia un muy bien intencionado reglamento de servicio médico-técnico, en el que se detalla minuciosamente las actividades y los deberes de los médicos, la relación con los pacientes y la organización funcional intra-hospitalaria. Para esos últimos quinquenios queda estipulado defini- tivamente, y para el devenir del hospital, la especialización de los servicios en dos secciones: medicina y cirugía